En un esfuerzo sin precedentes por transformar uno de los puntos viales más críticos del estado, el Gobierno de Monterrey, en colaboración con organizaciones de la sociedad civil e iniciativa privada, inauguró oficialmente la intervención de urbanismo táctico denominada “Sendero de color, camino seguro”. Ubicada en el emblemático crucero de la avenida Aztlán y la calle Esquisto, en la colonia San Bernabé, esta obra no solo busca embellecer el entorno urbano, sino salvar vidas a través del diseño inteligente y la participación comunitaria.
El proyecto es el resultado de una alianza estratégica entre el municipio de Monterrey, el Movimiento de Activación Ciudadana A.C. (MOVAC), Fundación FEMSA y la empresa Sherwin-Williams. Todos estos actores trabajaron bajo el auspicio de la prestigiosa iniciativa internacional Bloomberg Philanthropies, la cual, mediante su programa “Arte en Asfalto”, seleccionó a Monterrey para implementar recursos destinados a la seguridad vial.
Sendero de color: Una respuesta a la vulnerabilidad vial
Durante años, la intersección de Aztlán y Esquisto ha sido señalada por especialistas y autoridades como una de las más peligrosas en Nuevo León. El flujo constante de unidades de transporte público, la cercanía de numerosos planteles escolares y la alta densidad poblacional de la zona norte de la ciudad creaban un escenario de alto riesgo para los usuarios más vulnerables: peatones, ciclistas y niños.
El alcalde Adrián de la Garza Santos, quien encabezó el corte del listón, enfatizó que la seguridad peatonal ha dejado de ser un tema secundario para convertirse en una prioridad de su agenda de movilidad. Para el munícipe, este crucero no es una obra aislada, sino un modelo de gestión que debe replicarse.
“Es importante que sirva de modelo para muchos cruces que tiene la ciudad de Monterrey. Cada intersección tiene su particularidad y tendrá que ser intervenida de cierta manera, pero agradecemos a las instituciones privadas que hacen un acompañamiento diario para lograr una movilidad segura para los ciudadanos”, reconoció el alcalde durante el evento.
El arte como herramienta de protección
Lo que distingue a este proyecto es el uso del urbanismo táctico: una metodología que utiliza elementos temporales, de bajo costo y rápida implementación (como pintura y bolardos) para modificar el comportamiento vial y ganar espacio para las personas. Sin embargo, en San Bernabé, la técnica se fusionó con la identidad local.
Los vecinos de la colonia participaron activamente en el diseño, eligiendo motivos de flores para adornar el asfalto. Según los propios colonos, la flor representa la esencia de San Bernabé: una comunidad que resiste, que se transforma y que nunca deja de florecer. Esta carga simbólica ayuda a que la comunidad se apropie del espacio, cuidándolo y respetando las nuevas señalizaciones.
Técnicamente, la intervención consistió en la extensión de banquetas (orejas), creación de islas peatonales para reducir las distancias de cruce, señalización horizontal y vertical renovada, y la instalación de bolardos en puntos estratégicos. Estas modificaciones obligan a los automovilistas a reducir la velocidad y otorgan zonas de resguardo a quienes transitan a pie.
Alianzas que salvan vidas
La ejecución de la obra fue un despliegue de logística y voluntad social. Durante cinco días, un equipo de 230 voluntarios de MOVAC trabajó intensamente para plasmar el rediseño sobre el pavimento. Jacobo Wapinski, presidente de MOVAC, destacó que el éxito de la agrupación radica en encontrar aliados que compartan la visión de “cero muertes viales”.
Por su parte, Fundación FEMSA aportó su experiencia de cinco años en la promoción de la educación vial, con un enfoque particular en la primera infancia. Sindy González, gerente de Primera Infancia de la fundación, explicó que el bienestar de los niños menores de seis años depende directamente de la calidad de su entorno.
“Los espacios donde los niños viven —sus calles, parques y paradas de autobús— influyen directamente en su seguridad y desarrollo”, afirmó.
La empresa Sherwin-Williams jugó un papel crucial al donar los insumos y proponer la paleta de colores, asegurando que los materiales utilizados resistan el alto tráfico de la zona y mantengan la visibilidad necesaria para conductores y peatones.
Impacto en números: Una ciudad para las personas
Los datos duros de la intervención reflejan la magnitud del beneficio para la zona norte de Monterrey:
- Espacio recuperado: 2,455 metros cuadrados que antes eran exclusivos para vehículos ahora son para el ciudadano.
- Población beneficiada: 31 mil personas directamente impactadas, de las cuales 9 mil son niñas y niños.
- Entorno escolar: Se favorece la seguridad de 41 planteles educativos en un radio de un kilómetro.
- Movilidad pública: El crucero conecta con 17 rutas de transporte urbano.
- Infraestructura: Se aplicaron mil metros lineales de pintura termoplástica, se renovó la señalización vertical y se realizaron más de cinco mil metros cuadrados de pavimentación previa por parte de las secretarías de Obras Públicas y Desarrollo Urbano.
Sendero de color: Hacia una zona escolar segura permanentemente
La inauguración no marca el fin del proyecto, sino el inicio de una etapa de evaluación. El Gobierno de Monterrey informó que las dependencias correspondientes realizarán un monitoreo constante del comportamiento vial en el crucero. El objetivo es recopilar datos que permitan, en un futuro cercano, transformar estas medidas temporales de urbanismo táctico en obras de infraestructura permanente.
Con esta intervención, San Bernabé deja de ser solo un punto en el mapa de accidentes para convertirse en un referente de cómo la colaboración entre gobierno, empresas y vecinos puede rediseñar la ciudad, poniendo la vida humana por encima de la velocidad de los motores. El “Sendero de Color” es, a partir de hoy, el estándar de lo que Monterrey aspira a ser: una ciudad más humana, colorida y, sobre todo, segura.











